lunes, 22 de febrero de 2010
Publicado por Danimann @ 16:49
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Ese era uno de los atrayentes eslóganes que anunciaba la excursión al oeste de Dublín: “quizás una Kilkenny en Kilkenny?” Para los menos iniciados en el mundo de la cerveza, les diré que la Kilkenny es una cerveza fabricada por Guinnes (seguro que suena más) y que obtiene su nombre de la capital medieval de Irlanda, Kilkenny.

Así pues, y no sólo por la cerveza aunque con ella fija en la mente, nos embarcamos en un bonito “Paddywagon” que no era más que un minibús pintado del típico verde irlandés y con un Leprechaum (el nombre irlandés de los duendes esos con la cacerola y el oro) sonriente pintado en un lateral. La verdad es que por 25€ por persona (precio de estudiante!) no se podía pedir muchos más.

La alegre conductora irlandesa no hacía más que hablar de todo (o casi) y reirse de sus propios chistes, incluso antes de contarlos. Hay que reconocer que era simpaticona y que incluso de vez en cuando se obligaba a sí misma a callarse y dejarnos disfrutar del paisaje sin mayor comentario.

Tras embarcarnos en Dublín, nuestra primera parada fue en el condado de Wicklow, en el pueblo de Glendalough, donde hay un cementerio céltico cuyos orígenes datan del siglo VII o incluso antes, con una torre de treintaipico metros que usaban para avistar y avisar a la población de la llegada de Viki el vikingo, Snorre y todos sus secuaces en tour de pillaje y desenfreno. El cementerio es precioso, hay que reconocerlo, lleno de cruces célticas y tumbas del siglo XVIII y anteriores. Se sigue utilizando hoy en día, así que en cierta zona había enterramientos más recientes.

Luego se podían visitar los lagos adyacentes, dentro del tiempo daba de sí el programa. Huelga decir que por éstos parajes se rodaron escenas de “Bravehearth” y de “PD: Te quiero” (supongo que el título es así en castellano). Era otro de los reclamos publicitarios del evento.

Tras ello, nos paramos en algún lugar no muy lejano para ver un dolmen, que a fin de cuentas no es más que una piedra de una burrada de quilos, sujeta por otras más chiquitas, y eso en mitad de un campo de cultivo. Cómo lo hicieron, nadie lo sabe, así que foto y de vuelta al Paddywagon.

Sin más seguimos nuestro viaje hasta Kilkenny, donde nos esperaba esa ansiada Kilkenny (valga la redundancia). Kilkenny (la ciudad) es un bonito nucleo medieval con 2 catedrales, un castillo y alguna que otra abadía e iglesias varias. Puedes entretenerte recorriendo sus incontables calles de piedra jalonadas de fósiles, hacerte fotos en sus típicos portales coloreados irlandeses y pararte en alguna de sus numerosas tascas a disfrutar de la cerveza prometida. Incluso nos paramos en una bonita cafetería de tres pisos en la que repusimos fuerzas con un chocolate caliente con “Marshmellows” toda una experiencia!

Por desgracia disponíamos tan sólo de escasa hora y media para verlo todo lo mejor posible, así que tomamos las raciones de fotos de rigor desde el castillo hasta la catedral de Saint Canice. En ella se puede subir a una torre y tener una estupenda visión de la ciudad, pero...ya estábamos un tanto alejados del autobús y no nos quedaba mucho tiempo.

Así que había que tomar una decisión; o subir a la torre y ver la ciudad a vista de pájaro, o invertir lo que costaba subirse (en Irlanda no se puede visitar casi nada gratis) en una deliciosa, rojiza y refrescante Kilkenny. Habéis acertado, decisión difícil; dejamos la torre para los pájaros y otros turistas y desanduvimos nuestros pasos en busca de una cervecería que estuviera abierta y nos ofreciara con diligencia lo deseado.

Tras recorrer un par de calles, no encontrábamos nada prometedor, y el tiempo corría. Nos quedaban escasos 20 minutos para tomar el autobús y aún nos quedaba un trecho de vuelta. Había que tomarse una Kilkenny!! El sentimiento en esos momentos era como el de Woody Harrelson en “Bienvenidos a Zombielandia”, para quien la haya visto, en el que su misión sagrada era comerse el último bollito “Twinky” de la tierra.

Pues esos éramos nosotros. Había que beberse una Kilkenny en Kilkenny! Al final arriesgamos todo a una carta y entramos en una taberna, cuyo nomrbe no recuerdo, que por dentro era muy irlandesa y acogedora, con maderita, antiguallas y esas cosas. Tras acomodarnos y buscar nerviosamente al servicio, se acercó una simpática camarera rubia que nos ofrecía la carta de comidas.

Que no, le dijimos, que nosotros queremos una Kilkenny y más te vale por tus ancestros irlandeses que la tengáis entre toda esa colección de grifos tras la barra.

Que si no queríamos comer nada, contestó ella decepcionada. Kilkennnnnnnnnnnnny! Gritaba lo más profundo de mi ser, aunque de mi boca salió con más corrección que no, que 2 “glasses” de Kilkenny (sino te traen las pintas) ya era alimento corporal y espiritual suficiente para estos peregrinos ocasionales.

Al fin, la profecía del panfleto turístico se hizo realidad, y cada uno de nosotros recibió su premio. Justo a tiempo para poder saborearla en tragos largos, pues el reloj seguía corriendo en nuestra contra. El vaso a tope, con su corona de espuma, fresca, rojiza, con cuerpo. El merecido premio a nuestra larga caminata y jornada cultural, el santo espumeante grial, el agua rejuvenecedora. La culminación del viaje que habíamos empezado con una promesa. La posibilidad se convirtió en certeza (y en cerveza) y felices y satisfechos pudimos degustar y recrearnos por un par de minutos en nuestro preciado tesoro. El panfleto no mentía.

Eramos los ganadores del día. Teníamos nuestra Kilkenny en Kilkenny.


Tags: Kilkenny, Irlanda

Comentarios
Publicado por Pastelinka
miércoles, 24 de febrero de 2010 | 11:42
Bardzo fajna notatka!Bardzo lubie twojego bloga i czytam go zawsze z wielka przyjemnoasciaSonrisa))) A zwrot"Kilkenny in Kilkenny" przejdzie juz do historii...
Publicado por Invitado
miércoles, 07 de abril de 2010 | 10:15
Tiene que ser la leche beber una cerveza en su lugar de procedencia, pero en Alemania y Polonia podeís beber cerveza mejor que esa, fabricada en el mismo local y con más pausa.
En fin todo por la birra.