Soy un freak. No, de hecho, soy muy freak, así que me aceptaremos como animal de compañía.
Algunos (y hoy hablaré sólo en género masculino o neutro no por desprecio al otro sexo y/o feministas varios, sino para ahorrar palabras, que estoy muy vago) de los que me concéis mejor, sabréis que colecciono cámaras fotográficas antíguas. Ya tengo unas 70, una pasta vamos, sobre todo si se me ocurriera venderlas en la península ibérica. Y es por ahí por donde me viene esta vena friki.
A veces tengo mi día de furia y me compro 4 golpe, y nunca desprovecho la ocasión de destripar un mercadillo o baratillo itinerante en busca de tesoros con fuelle repujados en cuero negro.
Así que ahí estaba yo, a la caza de la bagatela histórica, del chollete escondido entre calcetines y vinilos de Wolfgang Petri –que por Alemania no se lleva el Fari- acompañado como siempre de mi infatigable señora y en ésta ocasión además de una amiga suya, esta vez en el mercadillo que montan en el parking del Ikea, que viene a ser bastante grande aunque más orientado a padres de familia que han vaciado el desván y no saben qué hacer con tanto detritus polvoriento, digo –perdón- tesoros en potencia.
Así es; pagas 30 machancates y tienes tus 5x2 metros donde aparcar tu coche, desplegar tu mesa de camping y exponer sobre ella tu repertorio de basurillas. Todo eso desde las 5:30 de la manhana hasta bien pasadas las 14:00. Pasen y vean, que te cunda la venta.
Pero yo no era vendedor, no; eso llegará quizás en breve, pero hoy no era el día. Yo era uno más de los cienes y cienes de compradores. Otro tío Gilito buscando el oro del Klondike, separando la morralla de las pepitas valiosas. Buscaba, como buen freak, alguna cámara en condiciones aceptables y un mínimo de medio siglo de edad por menos de 20 mortadelos. Por desgracia los años dorados de buscar cámaras en Alemania ha pasado a mejor vida y ahora te piden cantidades astronómicas por chatarrillas inservibles. En estos casos me descojono y deseo buena suerte al vendedor; eso por lo menos me sale gratis y me deja mejor cuerpo.
Pues bien, eran las 11:30 y empezamos nuestra ronda ante un cielo que empezaba a chispear y amenazaba tormenta. La elección de la hora no era casual, y es que en un mercadillo alemán hay 2 horas ideales para comprar; la primera es muy pronto, a eso de las 7 ó las 8 de la manhana en la que los tenderetes acaban de sacar toda su mercacía y se encuentran las mejores piezas. Claro que es cuando todo cuesta más caro. La segunda hora feliz es a punto del cierre del mercadillo, que suele ser en torno a las 13:00 –cuando hace buen tiempo- que roza, e incluso sobrepasa, la hora del condumio de los germanos y es cuando todos los indios empiezan a recoger sus tippies y están locos por vender sus últimos abalorios, aunque sea por no volver a cargarlos en el carruaje, a veces por precios de risa. Claro que en este caso los mejores objetos suelen haber desaparecido ya. Ventajas y desventajas.
En eso que gracias (o desgracias) al chirimiri que empezaba a arreciar (ese que no moja, pero que te cala, valga la paradoja) empezaban a tocar retreta los vendedores ocasionales y los profesionales (que los hay, ojo), así que había que darse prisa. Encontré una cámara; una Kodak Vollenda que reunía los requisitos de compra y por la que el parroquiano pedía 29€. Mucho, me dije a mí mismo. Si hubiera empezado por 25, sería por mía a 20; y como el modelo –aunque no lo tuviera- no me llamaba demasiado la atención, la dejé correr. Un análisis posterior de mi grimorio de cámaras dejó ver que habría sido un buen negocio, al estar la cámara catalogada en 60 lagartones, pero bueno, no anduve fino ese día. Puede pasar.
Esa fue realmente la primera y la última cámara que vi; así que ese día no me compré ninguna. Y a qué toda esta perorata? Os preguntaréis. Pues bien, resulta que si los precios o la escasez de material no me dejan ser un friki de algo, lo seré de otra cosa.
Así es como llegamos al stand de una joven pareja que se mojaba solitaria junto a una igual de solitaria máquina de coser. Es que me ha dado ahora por hacer camisas bordadas? Pues no; la máquina en cuestión ya no daba para tanto, pues debía datar de 1930. Y es que las máquinas de coser de principios del siglo pasado (y finales del anterior) pueden ser auténticas preciosidades, aunque abulten “un poco” más que las cámaras de fotos.
Así pues, le preguntamos al simpático vendedor que por cuanto estaría dispuesto a desprenderse de ese trozo de hierro con engranajes que le había encasquetado su abuela. Nos lo puso en 15€; no está mal, pero realmente ya teníamos una en casa (qué os esperábais?) incluso más antígua, que el entonces vendedor (ese sí era un profesional) nos endilgó rebajándose él mismo el precio varias veces hasta llegar a los 7€ y con la máquina funcionando perfectamente. Una maravilla.
Bueno pues la máquina de ahora no era tan bonita como la que poseíamos ya, pero como parecía que nos íbamos a ir de manos vacías (aunque aún sólo habíamos peinado el 50% del mercadillo), pues dimos una vuelta y Natalia, que es a quién le hizo más gracia la cosa, me puso ojitos de cordero y dimos la vuelta con la misión de sacar la máquina por máximo 10. Con éstas, Natalia le puso directamente el precio, y tras un breve vacile (de dudar, se entiende) aceptó el trato.
Eso nos dejó a mi, a Natalia y a su amiga en mitad de la fina lluvia con una máquina de coser de unos 12kg a 500 metros de donde teníamos aparcado el coche. Así que arranca hacia el aparcamiento cual Perurena con su bola de granito a las espaldas. 12 kg no es quizás mucho, no. No los 100 primeros metros, pero al final del recorrido pesan como 30; pero todo sea por el arte y mantener mi (o nuestra, en este caso) reputación de freak.
Tras dejar resoplando nuestro nuevo tesoro en el maletero, decidimos volver sobre nuestros pasos y acabar de peinar el mercadillo, que para eso habíamos venido y 10€ tampoco era pasta.Vale, pues en llegando a donde compramos la primera y siguiendo un poco hacia delante, plaf. Nos topamos con 2 profesionales de la chatarra en plena tocata y fuga debajo del anoréxico diluvio.
Estaban cargando todas sus cosas y a punto de hacer lo propio con...exacto, una máquina de coser. Ésta era a su modo igual y distinta. Era igual en que la maquinita sería de 1920, como muy mucho, y distinta en que estaba completa. Y a qué me refiero con completa? Púes que la máquina iba pegada (o atornillada) a una mesa de madera, que a su vez iba sujeta a un armazón de hierro colado. Desde que compramos la primera máquina (no la de hoy, sino la de 7 &euro
nos habíamos fijado siempre en mercadillos en mesas con su base de hierro, que es lo que le faltaba.
Para que os hagáis una idea, una máquina de coser la podéis poner en una repisa de ventana, como la tenemos nosotros, pero si viene con todo su aparataje (incuído el pedal y las ruedas para darle vida) pues como que hace falta un espacio vital algo más amplio.
Parados y húmedos delante del objeto inanimado, que seguro había vivido tiempos mucho mejores, ni siquiera preguntamos el precio. El vendedor se dirigió inmediatamente a nosotros y nos contó su historia, y su propuesta. Nos vendía la moto de que el día anterior la habían expuesto en Magdeburgo y que un fulano se la había comprado por 70€, que había dejado una señal de 20€ primero y que nunca volvieron a saber del él; sería un mecenas desinteresado del arte, digo yo.
Así que gracias a la actuación del samaritano misterioso, teníamos la gran suerte de llevarnos esa maravilla de la técnica de la revolución industrial por 50 euritos. A Natalia logró picarle, pero a mi aunque no me desagradaba la idea del todo, me parecía mucho esa pasta (que aparte, no llevaba encima) por algo que ni siquiera sabíamos dónde poner.
Ante nuestra impaciencia y la arreciante lluvia, nos pidió nuestra oferta y creo recordar que dijimos que más de 30 no nos ibamos a desenbolsar. Ante ésto, supuse que se iba a negar en redondo y decir que lo dejáramos correr, pero en lugar de ello bajó a 35. Yo aún no estaba convencido (pedazo armatoste!!) así que estábamos aún bajo la lluvia con el medio juego poli bueno/poli malo; que si me gusta/que si no me gusta, pero sin decidirnos. Como el empapado vendedor quería recoger y largarse nos dijo que ale nenes, por 30 € os lleváis el perrito piloto y punto pelota. Así que desde ese precioso momento nos convertimos en los afortundados
poseedores de una completa máquina de coser Mundlos, modelo “Original Victoria” fabricada en Magdeburgo (efectivamente) hacía ya...mucho tiempo.Claro, ahora a 600 metros del parking, a ver cómo llevábamos al mostruo!! Peso total? Hmm...30 kilos mínimo y aunque llevara unas miniruedas en las patas, la mision se veía un poco imposible; Tom Cruise de vacaciones y yo con estos pelos. Así que dejé a ambas mujeres montando guardia al lado de la máquina pasada por agua y fui al parking a buscar el coche, ya que por suerte el puesto de venta quedaba al lado de una carretera abierta al tráfico.
Una vez allí había que introducir el artefacto en el maletero. Cosa de nuevo inimagibale si no fuera porque mi coche es familiar (de padre, que diría mi cuñada Esther). Así que con más o menos malabarismo y abatiendo algún que otro asiento, logramos meter la pieza de fundición y su trozo de madera en el seco maletero, al lado de la primera del día. Además logramos tal distribución tetris dentro del buga, que la amiga de Natalia podía volver con nosotros sin tener que ir haciendo surf en los railes del techo.
Tras ello aún como buenos masocas o freaks, nos decidimos a acabar de hacer la ruta y sabéis qué nos encotramos??....pues no! Ninguna máquina de coser nueva (ya habría sido demasiado descojono) ni tampoco una cámara de fotos. No, simplemente a mi jefe y su padre que ese día habían venido a limpiar su sótano de posesiones olvidadas. Mi jefe me prometió toda la semana (era la coña que nos llevábamos él y yo toda semana a cuanto del mercadillo) reservarme unas botas de agua (que oportuno!) y justo justito las vendió 1 minuto antes de llegar yo; de hecho el comprador estaba aún sacando la pasta cuando llegué, y cuando grité desgarrado bajo la lluvia un “Nooooooooooo!”, y el pobre hombre, impresionado, se ofreció a cederme su compra, jeje. Pero bueno, quede ésto para la anecdota.
Y como siempre, es increible lo que me puedo extender para contar 2 chorradas, no?? Intentadlo también vosotros, que no es tan difícil!
continuará...